jueves, septiembre 18, 2008

INFORME DE LECTURA

Este año durante el mes de julio me ha tocado ser jurado en el Concurso de Cuentos del diario El Nacional. Esto es lo que me quedó de esa experiencia. Como el "informe"resultó demasiado largo para el periódico, lo publico aquí

CONCURSO DE CUENTOS DE EL NACIONAL:
INFORME DE LECTURA.

En un tiempo todavía no muy remoto nos preguntábamos entre compañeros de grupos y talleres literarios por qué los jurados de este concurso, después de leer tantos cuentos no se animaban a resumir, por lo menos, sus impresiones acerca de lo que se escribe en Venezuela. Ahora comprendo por qué. Comienzo a leer: tres, cuatro textos sacados al azar de cualquiera de los paquetes identificados con el membrete de El Nacional, miro el reloj y pasó más de una hora sin que la montaña que tengo por delante acuse la más mínima reducción. Es mucha lectura y los jurados curtidos en esta faena saben cómo acelerarla. De hecho, yo también lo sé. Es cierto que la calidad narrativa brilla como un diamante entre granos de arena. Es cierto que al leer las primeras páginas, a veces incluso el primer párrafo de un cuento ya se puede ponerlo de lado y pasar al siguiente. Es cierto, se puede; sin embargo, opto por el patético esfuerzo de leerlos todos de principio a fin, aun los que parecen un chiste o casi ofenden por simplistas, sentenciosos o auto-denigrantes, aun los mal escritos, los que no logran hilvanar bien las ideas o cuyos autores no se han molestado en conceder a su obra y lectores el beneficio de, aunque sea, una revisión.
No es necesario hacer lo que me propongo, más bien distrae de la meta que consiste en elegir al ganador, pero me aferro a esta lectura con la pasión que inexplicablemente despiertan en mí las tareas heroicas sin propósito práctico y los caminos que no llevan a ninguna parte. Raras veces tenemos la ocasión de adentrarnos en una jungla literaria como esta, ni nadie lo haría en otras circunstancias. Los cuentos que acostumbramos a leer por gusto ya han sido filtrados y sólo nos llegan los que denotan al menos una gran destreza narrativa, nunca esa masa de material primario, aglutinado en el anonimato de sus autores, y que, sin embargo, constituye una ocasión única de comprobar qué es lo que mueve a la gente a escribir en estos días del 2008. Sería un desperdicio atravesar esa jungla y dejarla atrás sin compartir algo de este viaje antes de que pase el tiempo y se diluya, como todos los viajes, en otros días y en otras tareas.

DE LOS TEMAS PRESENTES
La verdad es que no hay muchas sorpresas. La muestra confirma las conclusiones de prologuistas y compiladores de antologías recientes como Rubi Guerra y Antonio López Ortega que destacan, cada quien a su manera, la variabilidad y la condición absolutamente heteróclita de los temas y búsquedas narrativas de nuestros cuentistas. Evidencia preferencias temáticas que podrían llamarse nuevas si tal concepto tuviera sentido en la literatura, junto con la permanencia de las que parecían haberse quedado atrás, tal vez porque no se manifiestan con el mismo vigor en los cuentos selectos que llegan a publicarse. Desde luego, el contexto político de un país dividido, las imposiciones ideológicas y los abusos del poder se cuelan en esos textos como ambiente, como denuncia directa e incluso como tema principal, a menudo se mencionan con cautela, sin ponerles nombre, acentuando el asombro ante lo grotesco, pretendiendo que se escribe un relato fantástico en la extrañeza de un país inventado. No parece que los creyentes de la ideología del gobierno participaran mucho en este concurso, o lo hacen en cuentos que no tocan el tema político, y que son la mayoría, por cierto: hay muchos otros temas que ocupan a los autores. En los cinco paquetes de textos encuentro nostalgia y vueltas a la infancia, a menudo rural, temática familiar no resuelta, cuento histórico y fantástico y crudos reflejos de nuestra cotidianidad de hoy signada por el caos urbano, transplantes e inmigraciones y, sobre todo, por la violencia y el miedo a la violencia, historias repetidas de balas perdidas y muchachas de clase media que caen víctimas del hampa; tampoco puede faltar el relato negro del barrio con arreglos de cuentas entre bandas rivales ni la denuncia social de la miseria que siempre estuvo presente en el cuento venezolano con la variante reciente de una clase media acosada y empobrecida. Sin embargo —y esto es una sorpresa para mí— si tomamos esta aglomeración de cuentos como una muestra estadísticamente significativa, la ciudad no predomina en ella, ni como tema ni como escenario. El “pueblo” aún ocupa el primer lugar en el imaginario venezolano, en forma generalmente nostálgica y costumbrista, deseosa de fijar en el tiempo paisajes, leyendas, ritos, fiestas y personajes que planean sobre la infancia de los narradores: padre, madre, abuela, una tía proveedora de la familia, el maestro o el fabricante de globos; ese escenario abarca pueblos del Oriente, de los Andes, del Zulia, pero también caseríos aislados y ciudades del interior, e incluso vecindarios de Caracas y Maracaibo de antaño con sus características pueblerinas y, por supuesto, todos los pueblos ficticios de rasgos arquetípicos que no tienen ubicación referencial precisa. El “pueblo” con sus encierros y penurias, es también el puerto de donde se zarpa de joven buscando imponerse en los negocios, música o deporte en una gran ciudad (Caracas, Nueva York) y entonces los cuentos se centran en la huida, en el viaje, en la conquista de otros espacios, siempre difícil, y en la añoranza del origen perdido. El retorno no existe o es un naufragio, la aceptación del fracaso vital. Muy pocos cuentos transcurren en el extranjero, de preferencia en Estados Unidos, el norte de los exilios. La “ciudad” y el “pueblo” imantan dos grandes grupos de cuentos, entre los cuales flotan fragmentos sueltos de un pasado histórico o mitológico, a veces un futuro de corte apocalíptico. El extravío y la falta de un guía se hacen sentir en una relativamente gran cantidad de cuentos donde alguna verdad existencial acomete al narrador desde el espectáculo de la naturaleza o al hojear un libro de poesía, pero la mayoría de las veces le es revelada por un “sabio”, invariablemente viejo y muy pobre, encontrado en un parque o en la playa, figura tan repetido en la literatura como las verdades que enuncia.

DE LOS TEMAS AUSENTES
Ayuda a delinear el carácter de esta muestra es lo que está ausente en ella: pienso en esos campos temáticos que son recurrentes, por ejemplo, en colecciones de cuentos de la nueva narrativa norteamericana que estuve leyendo últimamente, pero que no parecen despertar el interés de nuestros autores. No destaca el carácter virtual de nuestra época ni la dimensión existencial de la dependencia mediática, no se siente el inquieto asombro ante el desborde de las tecnologías, la aceleración del tiempo y la obsolescencia congénita de los objetos. Apenas en dos relatos se menciona el Internet; la computadora, cuando aparece, se asimila a una máquina futurista para viajar en el tiempo y en uno solo de doscientos cuentos alguien se comunica por el teléfono celular, como si el uso de ese artefacto no estuviera extendido a lo largo y ancho del territorio nacional. ¿Acaso ciertos aspectos de nuestra praxis cotidiana no han sido aún asimilados por el imaginario cultural o, por el contrario: ya no se notan siquiera por demasiado triviales? Tampoco parece ser relevante la problemática de las minorías, étnicas o sexuales. En esta aglomeración narrativa la discriminación racial sigue unida al pasado colonial, ningún cuento explora realmente sus manifestaciones actuales. Me pregunto también si la relación homosexual (apenas mencionada una sola vez) sigue siendo una cuestión incómoda, o, más bien al revés: ¿también en este caso, la aceptación general habrá banalizado el asunto hasta quitarle todo el interés? Es posible, porque el sexo en general, al parecer, dejó de ser un tema relevante: me impresiona no encontrar ni un solo relato erótico y la casi inexistencia de la temática de pasión y despecho, antes tan fecunda; en cuentos de pareja; predomina el desencuentro vital y el deterioro mutuo en un ambiente social desolado y hostil, entrelazado con casos de maltrato y violencia doméstica. Otra ausencia que salta a la vista afecta la cadena generacional: las figuras predominantes —los sujetos que enfocan estos cuentos— son los padres y abuelos, nunca los niños de los narradores, (a menudo sumergidos en su propia infancia); voces de hijos se elevan en la preocupación por sus madres pero muy pocas veces alguna madre menciona siquiera a sus hijos. ¿Indicaría eso una falla en las esperanzas vitales, la incapacidad de percibir el futuro, o más prosaicamente, tan sólo la edad de los autores?
La primera persona de singular predomina en esta muestra: los narradores son estudiantes, médicos y reporteros pero también hay narradores ladrones, malhechores y asesinos a sueldo y, sobre todo, narradores perdidos en una realidad de fracaso y falta de rumbo que tiende un velo de tristeza sobre todo el conjunto. No hay denominador común, pero la totalidad de las lecturas transmite lo mismo que un personaje llamado Barone, —el representante más lúcido y entrañable de la ya mencionada familia de sabios — quien le revela al narrador una sola verdad indiscutible: la del poder creativo de la tristeza.
No son de ninguna manera conclusiones estrictas: se trata de impresiones, de un esfuerzo de enfocar la acumulación de señales y resistirse al impacto con que un solo cuento notable cambia la balanza de los temas tratados, no obstante, es inevitable que la materia leída se deforme pasando por mi filtro mental, exagerando la importancia de ciertos signos y omitiendo otros, distorsionando la estimación de “poco” o “mucho”… ¿Serán realmente “muchos” tres cuentos que describen un próximo fin del mundo? Con esta reserva, repito que la lectura deja en mí un sedimento hecho de tristeza y falta de rumbo. El porvenir, cuando asoma, se ve aterrador y el presente desdibujado, la mirada de esos autores se voltea principalmente hacia el pasado.

DE LOS CUENTOS
Lo que sí puedo afirmar como lectora es que los temas que empujan a la gente a escribir se perciben con mayor nitidez precisamente en una lectura masiva y anónima como esta, donde se encuentra de todo: crónicas costumbristas, fábulas mitológicas y con animales, incluso cuentos de hadas y poemas rimados, ensayos aleccionadores, sermones, revelaciones de sabiduría, reportajes de hechos de violencia, denuncia social y descargas ideológicas apenas disfrazadas con un brochazo de ficción. De esa masa narrativa se desprende un perfil que nunca será el mismo si nos limitamos a considerar tan sólo los cuentos selectos, los que destacan, para comenzar, por la esmerada calidad del lenguaje y la voluntad de estilo: cualidades sorprendentemente descuidadas por la mayoría pero indispensables para que los cuentos tengan alguna posibilidad de darse a conocer en premios o publicaciones y, en consecuencia, contribuir a lo que se conocerá como nuestro panorama literario de hoy. Porque tales cuentos siempre sobresalen y sorprenden. Algunos no cuadran en ninguna tendencia, son absolutamente únicos, pero aun cuando pertenecen a un campo temático común o nacen de alguna tipología compartida, todos poseen esa cualidad esquiva que, sin importar la situación que muestran o la historia que cuentan, les hace craquear las moléculas de la realidad al transformarla en materia narrada.
Ejemplo de ello es el hermoso cuento ganador de este año: “Los zapatos de mi hermano” escrito por Heberto Gamero y el único en cuya escogencia coincidimos los tres miembros del jurado, personas de gustos y referencias culturales diferentes. El cuento pertenece al grupo de los que rinden homenaje a un personaje determinado, padre, madre, líder o maestro, en este caso un hermano mayor recordado como un inspirado compañero de carreras, sin embargo tal como cambia nuestro metabolismo al correr, a medida que avanza el cuento el horizonte se ensancha, las carreras se extienden abarcando todo el planeta y la historia se eleva a las alturas de un verdadero canto a la vida que dignifica la lucha por el logro en la conciencia del inexorable final. El tema de las carreras de maratón y rutas de entrenamiento no ha sido tratado por nadie más, al menos en esta muestra.

CUENTOS DE PUEBLO
Pero también dentro de los temas comunes hay cuentos buenos y muy buenos: los que se desarrollan en el espacio pueblerino, por ejemplo, podrían componer una pequeña antología. En el grupo temático que reúne pueblo y memoria, algunos destacan por la belleza del lenguaje y por su capacidad de mantener el hilo de la tensión narrativa a pesar de su carácter esencialmente descriptivo.
Me llamó la atención: la densidad del mundo femenino en un pueblito de Los Andes aislado detrás de los cerros donde hijas, madres y abuelas llevan nombres de flores. Las peripecias de crecer de una niña muy especial, vegetariana, roquera y hare krishna en un “pueblo de tránsito” en Zulia. Las tradiciones, leyendas, personajes y fantasmas en torno a las fiestas de la Virgen del Carmen y la Manga de Coleo en dos cuentos que representarían a los pueblos del Oriente en esta antología ficticia. También estaría allí la magia de las tardes que pasa un niño en las canastas de ropa que lava y plancha su hacendosa abuela o el misterio que emana de la maleta encontrada en el zaguán de una casa rural, que, por respecto a la propiedad ajena, nunca abrirán las mujeres que allí habitan. Tampoco será abierta la carta que llega de improvisto a una casa situada en el esta vez nada arquetípico contexto de una vivienda cerrada y amenazada por saqueadores tras haber sobrevivido de milagro al desastre de Vargas: esa carta —probable notificación oficial de que la casa será demolida— puede sin embargo contener esperanzas, señal de vida del padre desaparecido o de una vecina a quien arrastró el lodo. Lodo, inundación y deslave aparecen igualmente en otro cuento impresionante, cuya cadencia narrativa acompaña la velocidad con que una casa es arrastrada cuesta abajo por un río desbocado: la casa es un barco, y un niño, aferrado a su techo, se sueña capitán.
El pueblo de origen es apenas un lejano recuerdo en los relatos cuyos protagonistas buscan la fama o, al menos, una vida en Caracas (y casi siempre fracasan en el intento), como ese ex- jugador de futbol amputado de una pierna en una historia que trata de glorias fugaces destinadas al olvido pero también de una inusual solidaridad humana que siente un médico por su paciente. Solamente dos veces el interior venezolano es escenario de un cuento actual, retratado sin la distancia del recuerdo y con esa sensación de veracidad iluminadora que sólo puede lograrse con la narrativa. En uno de ellos, —donde cuatro jóvenes que salieron a pasar un día en el campo son atracados y violados al son de la música de reggaeton— el desolado entorno provinciano se refleja en los personajes, en el lenguaje que usan y en la pobreza de las referencias culturales que les son accesibles. En el otro, —“Los muelles lejanos” de Fedosy Santaella que obtuvo una mención de publicación— un joven vuelve a su ciudad natal para encargarse del negocio paterno, por lo que la oposición entre Caracas e interior se ve enfocada desde un punto de vista invertido del habitual: el cuento se centra en la complejidad oculta de los códigos locales y en el desamparo, matizado por el humor, de quien se mueve entre ellos a ciegas, sospechando y descubriendo su irremediable desconocimiento de la gente, incluso la más cercana —el padre recién fallecido, el sorprendente personaje de la madre— y en parte, de su propia infancia.
CUENTOS DE LA CIUDAD
La “ciudad” también tiene su representación en cuentos de buena factura literaria. Su carácter es otro, definitivamente actual e inseparable de las tendencias temáticas de siempre: pobreza, violencia, anonimato de las grandes urbes, ineficiencia social para paliar el caos.
Destaco: lejanas luces de la ciudad vista desde el cerro, en la última noche de un joven malandro, quien, acosado por una banda rival, encuentra un precario refugio de la casa de una vieja amiga de su madre; destaco también el asesinato del famoso jugador de baloncesto abatido a balas en su barrio natal donde daba clases de deporte, crimen cuya investigación devela apenas la punta de iceberg de las mafias intocables y desencadena ajusticiamientos. Otro relato que me llama la atención denuncia con agudo realismo la miseria de nuestros centros médicos, el humilde heroísmo cotidiano de un cirujano mal pagado, obligado a luchar en condiciones precarias no solamente contra el daño físico inflingido por arma blanca a un muchacho sino también contra la inercia administrativa y la indolencia de los servicios hospitalarios en situaciones de emergencia y la muerte, para enterarse después de que le ha salvado la vida a un peligroso antisocial. La omnipresente y nefasta influencia de la ciudad es decisiva en el cuento que mejor ilustra el ya mencionado desgaste del amor en la trayectoria vital de un profesor de literatura y su mujer escultora, pareja cuyo inclemente entorno le trunca el progreso hacia una vida mejor y hace trizas los ideales sociales compartidos.
Entre esos cuentos destacan dos donde la ciudad, más que un escenario, es el verdadero protagonista del relato. Uno de ellos la enfoca de lejos, a través de los cristales de un café en el tope del Ávila donde un narrador desconocido, posible asesino a sueldo, lucha con la tentación de fumar esperando a un cliente, mientras el carácter individual de la materia narrada se desvanece en la masa urbana vista desde arriba y de reojo, relegándola a apenas un pálpito en el rebullir diario de la ciudad. El segundo, al contrario: enfoca a Caracas desde adentro, desde la inconfundible especificidad de un territorio urbano particular que es y fue el bulevar de Sabana Grande en sus diferentes momentos de gloria y decadencia, integrados en la ingeniosa historia de un abogado buscado por la justicia que encuentra refugio en esa jungla urbana de aceras tomadas por los buhoneros.
También entre los cuentos que no representan tendencias prioritarias, algunos se relacionan con el territorio urbano, como ”Pasajero de arena”, un texto hermético de sugerente poesía narrativa que gira en torno al Nuevo Circo, escrito por José Antonio Sáenz, que también se hizo acreedor de una mención de publicación. Y no todo es sangre, barrio, y crimen en el campo gravitacional de la ciudad. Prueba de ello: la historia de tres fantasmas libidinosos que persiguen a las mujeres en el mercado de Quinta Crespo y una delirante travesía que Roberto Bolaño habría podido escribir si, durante su estadía en Caracas, hubiera sido secuestrado por unos maleantes literarios y llevado en contra de su voluntad a un demente acto de homenaje en un tugurio en Guarenas.

Y OTROS
Quedan por mencionar algunos cuentos de alta factura literaria que exploran campos temáticos únicos o poco presentes en la muestra de los cuentos del concurso. El ámbito militar encuentra su expresión en “Juegos de guerra y amargura”, relato totalmente actual y profundamente vivido o investigado, que muestra las crudas realidades del ejército venezolano desde el punto de vista de un soldado apostado en la frontera colombiana: este cuento, escrito por Rodolfo Táriba Santaella también recibió mención de publicación. El mejor de los relatos históricos se desarrolla igualmente en el ámbito castrense, esta vez el del alto mando militar que rodea al general Gómez, con el incentivo de ser focalizado por la esposa de un coronel y contar con una buena dosis de suspenso mientras da cuenta del ambiente de hipocresía, adulación al caudillo y miedo, típico de las dictaduras militares. Una de las pocas historias de amor retrata a Olguita, una femme fatale venezolana, objeto de adoración de un grupo de amigos, que a los cincuenta años cumplidos sigue siendo un ser esquivo para ellos y para sí misma. La problemática racial y la colonización, aunque poco presentes en esta muestra, encuentran una expresión poderosamente concentrada en un cuento que logra transmitir las tensiones de la convivencia cotidiana entre dominantes y dominados, el desprecio, el odio y hasta la envidia de la superioridad física de la raza negra, a partir de la mirada de un caballo pintado cien años atrás en uno de los retratos en la galería de antepasados del dueño de la hacienda. Del mismo modo contundente, otro cuento que comienza en los apacibles placeres de lectura en una librería en Washington, da un súbito giro hacia lo fantástico y desemboca en el misterio de la universalidad del arte frente a los lienzos de un enigmático pintor en los cuales cada espectador reconoce los paisajes de su isla natal y la sonrisa de su propia madre. La incierta frontera entre lo real y lo virtual en nuestro presente se vislumbra en un solo relato cuya narradora escribe vía email cuentos por encargo para personas desconocidas, y poco a poco unas vagas señales le hacen sospechar que sus ficciones se convierten en la vida real de esos clientes.
El presente lo vivimos con los ojos vendados, dice una memorable frase de Milán Kundera, y, efectivamente, el cuento que a mi juicio ilumina realmente la esencia de la época que estamos viviendo hoy transcurre en un futuro de colonias satelitales y viajes en el espacio, un futuro tristemente verosímil y mucho menos sorprendente de lo que nos hubiera parecido en los sesenta la tecnología de comunicaciones de nuestra vida cotidiana en el 2008. Narrada por un muchacho que viaja a tal colonia para reunirse con sus padres emigrados, esa visión de fármacos, ambientes artificiales y hasta modificaciones genéticas de la raza humana no impide que los protagonistas del futuro sigan siendo los mismos pobres nietos, hijos y padres de nuestra especie, con los mismos problemas familiares irresueltos, las mismas búsquedas, traslados y añoranzas.
Quiero mencionar al fin que hay cuentos que impresionan y divierten por el tema mismo, casi independientemente de cualquier otra consideración. Supongo que ningún lector de mi generación puede resistir el embrujo de imaginarse ese concierto loco organizado en el infierno por el mismísimo Dante Alighieri, (personaje sorprendentemente popular en esta muestra) en el que participan simultáneamente todas las figuras legendarias de cantantes y músicos de jazz y blues de la segunda mitad del siglo XX. Y a todos los jurados nos llamó la atención, desde luego, un cuento policial — de hecho, nada mal resuelto, — en que los miembros que nos sustituyen en la ficción de este concurso reciben órdenes de premiar un cuento con el mismo título, bajo chantaje de amenazas de muerte.

Los cuentos que mencioné aquí no son los únicos buenos — incluso tengo la sensación de haber olvidado algunos— ni los organicé en función de algún juicio de calidad; su escogencia sólo refleja los gustos personales de esta lectora y no atañe a otros miembros del jurado sino en lo que se refiere al cuento premiado y los tres recomendados para publicación. Me alegra constatar que mi lista resulta bastante nutrida. No sé si su confección delata la fiebre de una antóloga incipiente o cumple de cierta manera con otra promesa tácita a mis compañeros de aprendizaje, tertulias y talleres literarios de la época cuando enviábamos relatos a los concursos y nos preguntábamos si habrían sido leídos y tomados en cuenta, si alguien se habría fijado en ellos y qué tan cerca habrían estado del final. No nombro los títulos e ignoro quiénes son los autores de estos cuentos, pero me hermano con ellos en la demencia que representa el trabajo de escribirlos, les agradezco la lectura y confío en que reconozcan, cada uno, ese pequeño tributo al suyo.

Krina Ber

17 comentarios:

Maravilloso Desgarro dijo...

Gracias Krina
una ricura!

"Y a todos los jurados nos llamó la atención, desde luego, un cuento policial — de hecho, nada mal resuelto, — en que los miembros que nos sustituyen en la ficción de este concurso reciben órdenes de premiar un cuento con el mismo título, bajo chantaje de amenazas de muerte."

¿No te frikeaste? jajajajaja

Espero que lo hayas disfrutado muchísimo.

Adriana Villanueva dijo...

Excelente recuento Krina, impresiona el regreso a lo rural como temática principal, recuerdo un análisis publicado creo que el año pasado en Papel Literario, donde uno de los jurados se quejaba del exceso de marchas y contramarchas que había en los cuentos.
No pude leer el relato ganador de 2008 porque estaba de viaje, ¿se conseguirá en Internet? Me encantaría leerlo porque escribí una historia homenaje a un familiar maratonista que no he publicado, y me sorprendió gratamente la coincidencia.

krina dijo...

Bienvenida Adriana
Yo también estuve muy sorprendida al hacer este recuento temático. Lo que duele siempre, me imagino, es escoger un cuento y no una antología, sería mucho más grato. El cuento de Heberto Gamero lo acaba de publicar ficciónbreve, puedes encontrarlo allí
Un abrazo

©Javier Miranda-Luque dijo...

Krina: lo que más me ha asombrado de tu "re-cuento" es la práctica ausencia de las neo-tecnologías (la web, mensajes de texto, celulares, etc).

Imagino que tu labor como jurado ha sido una experiencia delirante.

Enhorabuena por esta sabrosa crónica.

krina dijo...

a mi también, Javier,y estas ausencias no resaltan cuando sólo miras la selección de los mejores sino en una lectura en caliente de todo el paquete. Qué gusto reencontrarte aquí

Al� Reyes dijo...

Nos honra que una polaca universal como tú firme bajo un nombre de blog tan vernáculo como "TAPARA"

Y en contacto en

www.tigrero-literario.blogspot.com

Becalei dijo...

Krina querida: me ha parecido super interesante tu informe de lectura. Uno nunca tiene la posiblidad de escuchar a un jurado que se tome el tiempo de hacer un análisis tan detallado de las temáticas, del lenguaje y todas tus observaciones. Creo que tu análisis va a permitir que el año que viene o para otros concursos, la gente aborde temas que, como tu dices, no salieron a relucir. Tu informe dará mucho que hablar,
Bea

Heberto dijo...

Excelente análisis,Krina. Además de cuentista consagrada ahora nos sorprendes como crítica literaria. Felicidades.
Heberto Gamero

Rodolfo Táriba dijo...

Hola Krina; gracias por tus amables comentarios sobre mi cuento "Juegos de Guerra y Amargura" (mención publicación). Viniendo de tu parte es un honor. pero quería preguntarte lo siguiente; apenas me voy enterando de que obtuve esa mención, hoy domingo 28-09, ¿me podrías decir cuando o dónde lo van a publicar? mil gracias de nuevo!
www.rodolfotariba.blogspot.com

krina dijo...

mucho gusto Rodolfo
Debí haber dicho "recomendación de publicación" que fue el término exacto aprobado por el jurado, y siento mucho que me he expresado incorrectamente. Debe ser porque en mi cabeza esto equivale a una mención de publicación y suena mejor en un texto... y de hecho,tengo entendido que salió como "mención" en El nacional el mismo día en que fue publicado el veredicto, el 28 o 27 de julio. Me impresiona que no lo hayas visto, y qué bien que publiqué este informe. Recomendación de publicación también vale para un curriculum. Te aconsejo comunicarte con Fedosy Santaella, (conoces el blog de los famosos Hermanos Chang?) él ya trató este asunto con El-Nacional.

krina dijo...
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Anónimo dijo...

Me encantó este informe, creo que es primera vez que un jurado hace público con tanta minuciosidad un informe así. ¿No has contactado a Papel Literario para publicarlo? Es estupendo saber qué está escribiendo la gente.

M.T

krina dijo...

Claro que sí, me parecía el lugar idoneo para publicarlo. Pero era mucho más largo de lo que estipulan, y no pude recortarlo tanto. Gracias por tu comentario

Anónimo dijo...

Gracias por este informe de lectura! Ojalá todos los jurados de concursos se dieran a la tarea de hacer informes tan detallados, tan humanos y sobre todo ponerlos al alcance de todo el que lo quiera leer.

Todá ravá mi col a lev!

Liliana Lara

krina dijo...

Liliana
Eres tú la famosa venezolana que ganó el concurso de Ramos Sucre desde un kibboutz en Israel?

Anónimo dijo...

Yo misma! Aunque no tan famosa y si con mucha admiración por lo que escribes!

Un beso desde acá!

Liliana

Lizabethian dijo...

Felicitaciones, Krina
Es gratificante saber que hay talento literario que necesita ser reconocido.
El cuento de Olguita, que es esquiva a un grupo de amigos, se puede leer en algún lado.

Gracias