miércoles, febrero 01, 2012

Wislawa Szymborska: In Memoriam


Posibilidades



Prefiero el cine.

Prefiero los gatos.

Prefiero los robles a orillas del Warta.

Prefiero Dickens a Dostoievski.

Prefiero que me guste la gente

a amar a la humanidad.

Prefiero tener a la mano hilo y aguja.

Prefiero no afirmar

que la razón es la culpable de todo.

Prefiero las excepciones.

Prefiero salir antes.

Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.

Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.

Prefiero lo ridículo de escribir poemas

a lo ridículo de no escribirlos.

Prefiero en el amor los aniversarios no exactos

que se celebran todos los días.

Prefiero a los moralistas

que no me prometen nada.

Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.

Prefiero la tierra vestida de civil.

Prefiero los países conquistados a los conquistadores.

Prefiero tener reservas.

Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.

Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas del periódico.

Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.

Prefiero los perros con la cola sin cortar.

Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.

Prefiero los cajones.

Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado

a muchas otras tampoco mencionadas.

Prefiero el cero solo

al que hace cola en una cifra.

Prefiero el tiempo insectil al estelar.

Prefiero tocar madera.

Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.

Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad

de que el ser tiene su razón.

De "Gente en el puente" 1986 Versión de Gerardo Beltrán

jueves, enero 26, 2012

Impossible balance

I have taken
some unwanted vacations

It shall not be
an emerald garden
with wise trees
that will entertain me


neither will I rest
on soft creases of sand

my luggage will consist of
a few pictures
a wrinkled religious stamp
And a book that
I will not read

I will talk with the Wizard of Oz
I’ll remember my best moments
perhaps make some astral trips
and listen to What a wonderful world
for the hundredth time

I’ll be topless under
the great Ra
his large head will cover me
his healing rays will bathe parts of me

I wish I’ll come back
purified
to sleep soundly
and heal wounds

and never forget
that wisdown
can be found in the horror

of this body fighting to come back
to the imposible balance
of life

Beatriz C. C. (traducción al Inglés del poema Imposible Equilibrio por la autora)

miércoles, diciembre 21, 2011

La Mosca (tratado de entomología)

[Fragmento]

El gobierno trató de mantener la masacre en secreto. En el momento, la policía encaró las investigaciones con dedicación, incluso con entusiasmo. Al poco tiempo el caso se fue enfriando. Las circunstancias del crimen, cada vez más oscuras e irracionales, desconcertaron a los funcionarios. Se sentían frustrados porque nada tenía sentido. La cantidad de homicidios por atracos y narcotráfico terminó sepultando las investigaciones en un mar de papeles. Al poco tiempo, ya nadie recordaba a los cinco empleados del Ministerio de Ciencia y Tecnología que murieron despedazados en un laboratorio. Todo se había olvidado.
Después del incendio en los archivos de la policía, aparecieron unos documentos que eran parte del sumario policial que se había abierto por la investigación del crimen. Nadie quería reabrir el caso, pero un amigo periodista me llamó y me dijo que los bomberos se habían llevado unas cajas que parecían estar totalmente chamuscadas. Como mi amigo se encargó de cubrir la noticia del incendio en la policía tuvo acceso a las cajas. A nadie parecía importarle el contenido, es más, los agentes de policía parecían estar aliviados porque parte del archivo se hubiera quemado en el incendio. En las cajas estaban los documentos, interrogatorios y algunas fotos del crimen de los investigadores del ministerio. Las cajas llegaron a mi despacho hace dos meses. Todavía estoy tratando de poner en orden mi cabeza.
Abrí la caja y dispersé sobre el piso de la sala de mi casa todas las carpetas y documentos sueltos que había en ella. No todo era legible porque efectivamente el incendio había ennegrecido varios documentos. Se podía ver con claridad una serie de fotos y las transcripciones de varios interrogatorios. Había, además, dos CD que estaban etiquetados como Videodiarios.
Veo el piso de la sala de mi casa y no veo nada. Nada relevante, nada significativo. Veo una superposición de cosas, documentos, papeles, fotos. Pero nada sale de ellos. Me convenzo de que no podré resolver el crimen, de que no podré ni siquiera sacar un gramo de verdad de esos papeles. Sin embargo, colocar unos encima de otros, una foto junto a un interrogatorio, un manuscrito tras un video, una grabación al lado de un retrato hablado, me permiten armar un juego, me permiten armar un personaje, una trama; no el crimen sino un crimen.
Sigo sacando papeles. Dentro de un sobre amarillo había un manuscrito de un libro, al menos la portada estaba diseñada como portada de libro. Tenía un título que no dejaba de ser enigmático, escrito además en un tipo de letra inusual, la Old English: De las frágiles fronteras entre la luz y la oscuridad y los hombres y los insectos. Debajo del título había un subtítulo, éste sí escrito que una letra que parecía Garamond, que decía: Tratado de entomología. Y más abajo: Escrito por Andrés Delambre. El texto tenía, además, una mosca que estaba adherida a la primera página por un alfiler. Una vez dispuestos todos los documentos en el piso, colocados allí más o menos al azar, más por razones formales (color de las hojas, tamaño del papel) que por el contenido, comienzo el proceso de hacer hablar cada uno de esos registros.

Las fotografías:
Fichadas bajo el código F-0237 en el expediente 0027-HM.
Las puertas de la oficina se abrieron y en una ráfaga de luz los cuerpos se ofrecieron a los ojos de los funcionarios de la policía en toda su macabra presencia. Se hacía difícil mantener el pesado silencio, el horror de las muertes exigía un desahogo de las miradas abrumadas por la sangre y los olores saturados de la carne lacerada. Cinco cuerpos se abrían y se extendían sobre el piso de la oficina como si el asesino hubiese querido cubrir toda el área con la piel y las vísceras de las víctimas. La sangre cubría cada centímetro del piso y, como si fuese una cueva primitiva, las manos rojas que se pintaban en las paredes parecían escalar y huir hacia el techo.
El fotógrafo forense tomó las fotos sin saber que en los acercamientos y los encuadres en los que las heridas se abrían en todo su esplendor estaba construyendo un discurso que superaba el asesinato mismo. En esas fotos se estaba creando una ruta de heridas y órganos que asumían el protagonismo estético de un cuadro que se asumía autónomo. Las imágenes parecían flotar mostrando la manera en que podía abrirse un tórax y dejar escapar una exhalación roja. La mirada se adentra en los cuerpos. Siluetas extrañas que se colorean en diferentes tintes marrones y ocres. Masas informes. Piel cerúlea. Close-ups de rostros dormidos. De repente, desde el fondo, un cuerpo dividido por la cintura. Dos mitades de lo que en un tiempo fue una unidad. Una división binaria en la que cada parte, de nuevo, se divide en dos (cuatro partes desprendidas de la idea misma de lo Uno: brazos, piernas). Una ramificación del cuerpo. La división continúa y la masacre se vuelve irreconocible.

Detengo mis pensamientos alrededor de las fotos. No puedo verlas de la manera en que las estaba viendo, como si fuese una puerta a un terreno inerme y devastado, como lo es todo recuerdo. Prefiero, por ahora, no verlas. Regreso las fotos a su lugar en el piso de mi sala y me siento intrigado por los CD. Tomo uno de ellos y lo pongo en mi computadora. En uno de los documentos de la policía se especificaba que los videos fueron encontrados en la computadora de Andrés Delambre, uno de los científicos que trabajaba en el Ministerio cuando ocurrieron los asesinatos. Descubro en un comunicado escrito por uno de los inspectores asignados al caso que Andrés D. se convirtió rápidamente en uno de los principales sospechosos. Ese día fue a trabajar muy temprano dice el comunicado su conducta frente a sus compañeros había cambiado, se sentía superior, como si lo hubiesen nombrado jefe del departamento, su actitud era muy prepotente a pesar de que era un empleado de reciente ingreso. El ciudadano Andres Delambre desapareció el mismo día del crimen. Ha sido imposible ubicar su paradero. En palabras de la conserje del edificio donde vivía: se esfumó.

Video N°1. Videodiario de Andrés Delambre. Agosto 2000. En el video aparece Andrés D. en un cuarto, probablemente el de él. Es de noche (se puede ver la ventana al fondo, además, la luz es cálida, amarilla, hay lámparas encendidas). Al fondo se ve una biblioteca, no se distinguen los libros. Andrés D. parece tranquilo, solemne, como si quisiera hacer un anuncio importante.

Hoy fue mi primer día de trabajo en el Ministerio. Un día extraño [Se queda mirando un punto fuera de cuadro, en el vacío] Llegué muy temprano, quizás dos horas antes de la hora de entrada. Un guardia de seguridad se me acercó y me pidió mi identificación, qué imbécil, les dan un territorio de poder y se creen superiores. En fin, le dije que estaba empezando ese día. Me dejó esperando en la calle hasta que finalmente salió este tipo bien misterioso, Galíndez, quien me condujo por los sótanos del edificio, me mostró los laboratorios y me explicó los detalles del trabajo. Aún no entiendo muy bien la intención de los cruces genéticos entre especies de insectos, algunos de ellos venenosos, algunos escarabajos, como el Hércules, con fuerte coraza, pero me entusiasma la idea de regresar a los laboratorios a trabajar con insectos. [Otro largo silencio, otra mirada perdida] De resto, no pasó nada interesante.

sábado, diciembre 17, 2011

El retorno es lento, pesado y sin brillo, sin ilusiones, como el de un soldado que vuelve a casa después de una guerra perdida. Pero sí, estoy volviendo. Me han dicho que iba a ocurrir, que el tiempo lo cura todo. Me han dicho cantidades de lugares comunes como ese, irritantes, imposibles, consuelos trillados, y no me he creído ninguno. Y sin embargo de vez en cuando me veo en el espejo y reconozco con cierta extrañeza que esa soy yo y hasta, a veces, muy raras veces, tímidas ráfagas de color iluminan el pozo en que estoy atrapada. Porque el duelo es como un pozo, un cráter que queda después de que cae la bomba, el vacío voraz de la pérdida.
Y qué mejor retorno a este hogar de los taparenses que con ese evento el sábado 10 en Kalathos, donde 12 poetas venezolanos leyeron traducciones de Czeslaw Milosz, Wislawa Szymborka, Krystyna Rodowska (mi tocaya: Krystyna es mi nombre original) , Tadeusz Rozewicz, Anna Kamienska y AdamZagajewski, entre otros.
Nunca me habría imaginado en ese lugar y compañía leyendo yo también, en polaco, algunos de esos poemas que creía olvidados pero que me habían hechizado cuando era muy joven y que guardo toda la vida en la gaveta de mi mesa de noche. Libritos pequeños, edición mil novecientos sesenta y tanto, manchas de vejez en sus tapas. Estaba ahí de coleada, porque no soy poeta ni tampoco polaca, y sin embargo, estaba ahí leyendo Szewczyk (El Zapaterito) de Boleslaw Lesmian y Enmascarada de Maria Pawlikowska Jasnorzeska en el idioma que no entendía nadie. Era insólito. Era auténtico. Era reconectarse a través de los años con algo esencial por el atajo misterioso que está en los versos y en el lenguaje.

He aquí uno de los poemas de ese evento, leído en español por Patricia Guzmán:
-La plegaria de los no creyentes.

PETICIÓN / de Anna Kamienska
traducción de Anna Sobieska y Antonio Benitez Burraco

Señor devuelve a las cosas su esplendor perdido
reviste al mar con su magnificencia de siempre
y vuelve a cubrir los bosques con sus variados colores
retira la ceniza de los ojos
limpia el amargor de las lenguas
haz caer agua pura que se mezcle con las lágrimas
permite que nuestros muertos duerman en el verdor
que nuestro obstinado pesar no logre detener el tiempo
y que el corazón de los vivos florezca con el amor.

lunes, octubre 17, 2011

CCS

Me engancho en tu cadencia
dictas pasos
rara veces sosegados
vertiginosos
casi siempre

mas
aún alejada de ti
con los ojos cerrados
puedo de memoria
dibujar tu perfil

tu montaña
tus techos
ahora altos
y recordar siempre
la luz que envuelve
tus mejores días

Beatriz C.

domingo, septiembre 18, 2011

miércoles, junio 01, 2011

Memoria del Taller de Poesía “Monte Ávila 2008”




El cautivo. año 7. número 51. 01 al 31 de mayo de 2011.

Memoria del Taller de Poesía “Monte Ávila 2008”


María Clara Salas






Un Taller de poesía puede ser, como dice Mardon Arismendi, una experiencia Corazón adentro en la que es preciso entrar con los pies descalzos para escuchar las tonalidades de las palabras, tonalidades que se corresponden con los procesos anímicos y reales de los poetas. Leer un texto en un Taller es leer a alguien que se hace y rehace emocionalmente en la palabra, mientras “inquisidores ojos cuentan sus plumas” (Beatriz Calcaño). Leerse puede ser amarse, indagar en el propio espíritu y en el espíritu del otro una travesía compleja que induce al silencio, al respeto.

La reflexión sobre el proceso creador y sus posibilidades asume distintas expresiones. Con mucha precisión, Carmen Chazzin dice ser: “cuerpo abierto/respirándose/en la piel de la palabra”. Una manera de integrar la vida y la palabra, con naturalidad, sin excesos de ninguna clase, la encontramos también en María Auxiliadora Miranda: “En la textura del blanco/asumo pérdidas/logro hilvanar mi soledad”. Ana Gloria Palma, por su parte, advierte: “Dejaré esta página en blanco/para escribir/Por si acaso/-como siempre-/El mundo se pone al revés”. Daniela Contreras confirma el poema como “Único lugar donde el tránsito adquiere su forma”.

En un Taller de poesía se comprueba que el poeta no entiende el mundo como una emanación de sí mismo. El poeta sabe que el mundo es real y lo convoca. La presencia del poema no es un reflejo, es una plaza abierta en la que se exponen rechazos y glorias. Dice Adelaida Carmona: “tengo cantidad de grises en mis ojos/en la garganta, la plaza Tiamnamen sacude desde adentro”. Desde esta perspectiva, el Taller literario de Monte Ávila (2008) tuvo poco que ver con búsquedas estetizantes. La mirada observadora de los integrantes del Taller fue múltiple, extendida sobre objetos y situaciones; son poetas y a la vez viven en su realidad cotidiana como profesionales, estudiantes, amas de casa, educadoras, conscientes del peso que comporta la racionalidad, tal como lo expone Deisa Tremarias:

..........................Cuánto me gustaría no sentir
..........................esta pesada razón.
..........................Ser como ese perro
..........................de boca rosa guayaba.
..........................Ése, cuya única preocupación
..........................es la sarna del anulado humano.


La lectura es fuente y disciplina necesaria para el escritor, sin este principio, la experiencia literaria se individualiza y desgasta. Pero también es posible traer al poema el movimiento del cine, del diálogo, de la mística o de cualquiera otra experiencia subterránea o celeste que abra nuevos surcos en la palabra. La exploración, la ruptura con lo frecuente, la mímesis son también atajos vitales. El sentimiento amoroso es el que menos escapa al deseo de absoluto y persistencia en la palabra:


..........................Lobo eremita

..........................El lobo eremita
..........................vaga en el tiempo

..........................Busca compañía
...........................................entre las llamas
..........................Cenizas
......................................de la historia
..........................Su aullido
............................................callejero
..........................................................árido
..........................no entiende que existe
..........................sólo polvo
..............................................en la rutina.


(Jean Nicole Zabaleta)


Del trabajo realizado por los integrantes del Taller de poesía “Monte Ávila 2008” quedó una antología de poemas, Alguien ansía llamar a voces, su nombre fue tomado de un verso del poeta venezolano Miguel Ramón Utrera, en homenaje a los cien años de su nacimiento.



María Clara Salas. (Caracas, 1947). Poeta, ensayista, prodesora universitaria. Ha publicado los poemarios: Dibujos de la sombra (1980), Linos (1989), Un tiempo más bajo los árboles (1991), Cantábrico (2003) y 1606 y otros poemas (2008). Su obra está representada en varias antologías. Ha obtenido los siguientes reconocimientos: Premio Bienal de Poesía “José Rafael Pocaterra” (1986), Premio Municipal de Poesía de la Ciudad de Caracas (1991), Premio Conac “Francisco Lazo Martí” de Poesía (1992), Premio del Consejo de Investigaciones de la Universidad Nacional Abierta (UNA) al Material de Instrucción Escrito, Área de Humanidades (1992), Primera Mención de la Bienal “Mariano Picón Salas” de Poesía (2002).



fotografía: cortesía de la autora





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